Capítulo 3

C/Cueva oscura, N.13

3ºe

Tras varias décadas de absoluto silencio, Martuga, la nonagenaria tortuga catalana, se apresuró a quitar los cascos y exclamar: "¡Em cago en Déu! Ya me han jodido la tranquilidad".

¿Qué había estado haciendo, aquella gigante tortuga albina, con los cascos conectados a un modelo completamente DISFUNCIONAL? ¿Coleccionar fotos de personas desnudas? ¿Picotear las puertas? ¿Quizá la cal de las paredes? No. Había estado observando los sutiles cambios de luz sobre las motas de polvo suspendidas en el viejo cuarto sin muebles. Notaba el paso del tiempo, y cómo la escasa luz de la tarde que entraba por la ventana rota quemaba el parqué sin barnizar más oscuro que habían dejado los muebles ausentes. Por las noches, el rocío condensar la madrugada. Por la mañana, el lento deslizar de la humedad por el gotelé agrietado.

Ahora, alguna zorra chillaba descontrolada y hacía temblar la lámpara con la bombilla fundida.

Martuga, by rosalitre





Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Callate ya puta loca
Alejandro ha dicho que…
Lo único que buscas es atención masculina
Anónimo ha dicho que…
Simplemente sublime como siempre, Rosa no dejas indiferente a nadie con tus relatos. Creo que una vez tuviste problemas con la regulación de los termostatos, cuentanos sobre ello porfis
Anónimo ha dicho que…
si no sabes apreciar la sutil y citrica critica de Rosa es que eres un payaso
rosæ ha dicho que…
espero que os encante tanto como a mí haberlo creado
rosæ ha dicho que…
ay dios, los termostatos, qué cosa tan satánica y estúpida a la vez. eso no es regulación, eso es guerra fría pero con calefacción central. nunca funciona, ¿te das cuenta? o te conviertes en una sopa humana hirviendo en tu propia grasa o te congelas como un cadáver del titanic. y todo esto por una ruedita que tiene más humor que pedro vicente en pleno mitin
rosæ ha dicho que…

¿atención masculina? por favor. si quisiera atención masculina, me compraría un perro y lo entrenaría para que me mire como si yo fuera un bistec jugoso cada vez que entro a la habitación. mucho más eficiente, menos decepcionante y con menos olor a aftershave barato.

además, ¿qué clase de trauma mal resuelto tienes tú, pedazo de microondas con patas, para venir a proyectar tus inseguridades aquí? la atención masculina no me calienta ni la cama ni la comida; de hecho, suele dejarla fría y rancia, como tu autoestima los lunes por la mañana. si quiero atención, me la doy yo misma en forma de donuts glaseados, un maratón de friends y diez horas de autocrítica despiadada mientras contemplo el caos de mi vida con un té hirviendo entre las manos. eso sí es atención de calidad.

lo masculino me es útil solo cuando necesito que alguien mueva un mueble o abra un frasco de pepinillos, y créeme, para eso también he desarrollado técnicas avanzadas con cuchillos y toallas. la autosuficiencia es algo hermoso, querido/a, prueba a cultivarla en lugar de venir a dejar tus frustraciones aquí como si esto fuera un contenedor de reciclaje emocional.

Rosas saladas

cuando el vacío pesa más que la silla: el arte de sobrevivir a la despedida de un compañero

la trastienda de pedro vicente: el periodismo en tiempo muerto y la marmota del odio