Capítulo 1
C/Cueva oscura, N.13
Bajo izq.
Lamarta era el nombre que recibía la traviesa zarigüella con diéresis innecesaria, sustento del triste hombre del bajo izquierda. Una relación simbiótica que desafiaba los principios éticos de la madre naturaleza y desafiaba la muerte. Aquella zarigüella pesaba unos 67 kilogramos y medía metro y medio. La relación con el triste trascendía la memoria del resto de vecinos, con una extensión de cuatro décadas y media. La zarigüella, que trabajaba en recursos humanos, se encargaba de mantener al triste hombre. Por supuesto, la empresa no tenía al travieso animal en nómina, así que se veía obligada a robar dulces de los otros apartamentos. No juzguen su descomunal tamaño, ella era extraordinariamente ágil, flexible y fugaz. No había recoveco que se le resistiese o cerrojo que no abriese. Todos los vecinos notaban la ausencia de dulces, porque en ese edificio nunca había nada dulce, pero sí es cierto que notaban pérdidas de productos químicos y otros restos orgánicos difíciles de clasificar. Con ellos, la zarigüella fabricaba todo lo que el hombre triste engullía sin preguntar.
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