rosa: el cumpleaños que nunca fue y siempre será (o cómo incendiar el espíritu navideño)
ahí está ella, rosa, la criatura eterna y absurda que nació el mismo día que el mesías, porque, claro, su ego no habría soportado menos. pero qué ironía más cruel: compartir fecha con el tipo que acapara TODA la atención, las luces, las canciones, incluso el incienso (sí, rosa, hasta eso). ella llegó al mundo como un regalo mal envuelto, con cinta adhesiva torcida y sin tarjeta, mientras el mundo se inclinaba hacia un pesebre. y desde entonces, rosa y la navidad han sido amantes y enemigos en un bucle infinito.
imaginemos por un segundo que rosa, en uno de esos delirios de grandeza que tiene mientras mezcla vino con polvorones, decide que este año va a reclamar su lugar en el cosmos navideño. no más "¡feliz navidad!" vacío y protocolario. no más "bueno, ya que estamos, feliz cumple también." no, este año rosa quema el árbol. literal y figuradamente. coloca las luces navideñas en espiral alrededor de su cuerpo y se convierte en su propio cometa de fuego, gritando por las calles: "¡miradme! soy la estrella maldita de belén y estoy aquí para reclamar mi trono de chocolate y lágrimas."
porque, vamos a ser honestos: rosa no quiere un cumpleaños cualquiera. ella quiere un renacimiento. quiere que la nieve caiga como confeti cósmico, que el mar se convierta en un espejo y que las olas canten un "happy birthday" al ritmo de risas enlatadas de sitcoms noventeras. quiere que los ángeles del cielo bajen con donuts rellenos de chocolate, que la luna se tiña de púrpura y que todos los baby boomers politizados se traguen su discurso para entonar un villancico kitsch en su honor.
pero detrás de todo ese caos, rosa solo quiere algo más simple y más devastador: una mesa pequeña, un pastel decente (sin velas cutres, gracias) y una persona que la mire a los ojos y diga: "te veo, rosa. feliz cumpleaños."
y en ese momento, cuando el universo entero se doblegue por un instante ante su intensidad, rosa hará lo único que sabe hacer mejor que nadie: llorar y reír al mismo tiempo, como si toda la navidad y todos sus cumpleaños estuvieran ocurriendo de golpe dentro de su pecho. porque, al final, eso es rosa. un estallido. una contradicción. una navidad de luces rotas y promesas de chocolate. y siempre, siempre, una vela encendida en medio del caos.
fin. o el principio. quién sabe.
Comentarios